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AMARGÓN
Antonio Martín González

Y de la cotidiana observación del enredo político/económico, de la casi siempre maltratada Naturaleza y de otras manifestaciones positivas y negativas de lo cultural global, deduzco también que la universidad, los intelectuales adultos y los estudiantes mentalmente inquietos, no pueden abdicar de convertirse en la necesaria conciencia crítica social del país. Nos va en ello la vida. Es decir: la calidad de vida, las libertades, la convivencia en paz y la posibilidad de un desarrollo no regresivo.

Mi papel en esta inacabable tragicomedia colectiva, aportar algo, si puedo, gracias a la enorme riqueza de mi tiempo libre, y en la línea, equivocadamente abandonada, de una humanización ya urgente y de una ética cada vez más ultrajada, proscrita y apremiante. Desde ahí, ayudar a dinamizar para el cambio, siempre necesario, de las personas, las cosas y las estructuras.

Con algunos libros, artículos, escritos breves y otras reflexiones más o menos inoportunas, intentaré contribuir a un permanente análisis de la realidad y de las necesidades, demoliendo si es preciso previamente; pues suele ser éste a veces, para construir, un primer paso imprescindible, sin que a nadie deba escandalizar por ello, el oportuno recurso a la estocada crítica que la actualidad, manifiestamente corrupta, bien merece.

Intentaré que esta autopresentación o referencia al autor no parezca un currículo, ni siquiera abreviado; menos aun, cuidadosamente organizado, a efectos de merecer o aparentar. Prefiero que lo que diga apunte más a anticipo de objetivos, intenciones y posicionamientos personales.

Mis comienzos académicos entre el latín y las humanidades, la filosofía y la teología, me hicieron familiarizarme con sutilezas inverosímiles y habituales torneos escolásticos del pensamiento; también con Grecia y con Roma, hasta degustar las lenguas clásicas y valorar, junto al esfuerzo y la austeridad como virtudes, algunas aproximaciones al pueblo y sus necesidades. Aprendí a la par, reflexionando en paralelo y por mi cuenta, a desestimar valores que no eran tales y a poner en solfa o entre paréntesis sacrosantas imposiciones gratuitamente indiscutibles. Ello me llevó a otros estudios de Ciencias de la Educación y de Psicología, en cuyos dominios sociales me instalé, depurando sensibilidades más consistentes para el crecimiento personal, la acción social y el análisis riguroso de personas, situaciones, acontecimientos, comportamientos y relaciones.

Estos referentes contextuales en mi formación, junto a largos y gratificantes años de dedicación a la Psicología Social y Comunitaria en la Universidad Autónoma de Madrid, me han hecho aprender muchas cosas de interés para mí y para los otros. De los niños, de los jóvenes, de la peripecia y condición social de la personas, he sacado la conclusión clara, ya enunciada por Nietzsche, de que “llegará el tiempo en que la política se ocupará tan sólo de los problemas educativos”.

antonio.martinglz@gmail.comAntonio Martín González. Amargón ©